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Durmiendo con "talibanes" |
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escrito por enric
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Sunday, 17 de July de 2005 |
Pasó durante la escapada en solitario que hice de Dushambé a Khalai-khub esperando que la mejoría física de Xavi le permitiera seguir juntos la pedalada.
El segundo día de pedalada en solitario fue un auténtico calvario ciclista por culpa de la peor carretera de Tayikistán, completamente desnuda de asfalto, con subidas y bajadas constantes llenas de boquetes y piedras. Eso hizo que en las bajadas no pasara de los 10 -12 km/h y que en más de una subida me bajara de la bici porque simplemente era imposible pedalear por allí. Eso, por no comentar las curvas que coincidían con las bajadas de agua naturales de algunos barrancos: Allí a menudo me mojo hasta las rodillas, sufriendo por la bicicleta, las alforjas y por no perder nada cruzando los ríos.
Pues así fue como llegue al casi único cruce que me encontré en todo el día: Una carretera va hacia Kirguizistán y otra, la que tengo que seguir, hacia la cordillera del Pamir. En este punto ya llevaba la bonita cifra de 70km, las piernas me daban toques de atención pero yo quería seguir para bingo. En el cruce, pido información de dónde puedo pasar la noche. Un chico simpaticón con quien comparto un te en el cruce me dice que tiene una Chaikhana 13km más adelante. Pero me avisa que está llena de tajik girls. Mama mía !!!! ya me veía durmiendo en una casa de mujeres de mala vida !!!
Continuo pedalando nada seguro de las recomendaciones recibidas, hasta que pasados 12km me encuentro una pequeña aldea. Lo primero que hago es preguntar si hay alguna Choikhona. Una niña pequeña que juega por la calle me acompaña a casa de su padre, que directamente me lleva a ..... la mezquita. El pueblo es Kaftargusar y está lleno de barbudos.
Allí, un pan recién horneado y un cuenco de yogur como dios manda me recuperan. Como ya es tarde, al cabo de poco me traen la cena. Se ajuntan en la mezquita no menos de doce barbudos, algunos con 70 o 80 años, otros alrededor de la cincuentena. Por un lado, los ancianos más venerables forman un corro en el suelo donde son servidos como il faut: Con una palangana se lavan las manos y después, servidos en bandejas comunitarias toman sopa de patatas y te hirviendo. Por otro lado, mis amfitriones y yo también cenamos sin tanta parafernalia. Después de cenar empieza el festival: Oigo la llamada del Almuacín al lado de casa para la última plegaria del día y justo despúes entran un par de barbudos ya recitando el corán en árabe. Después de la cena y los rezos vienen las preguntas de rigor. La conversación se alarga y empiezan a hablar de la guerra que vivieron en los 90. Están orgullosos de haber participado en ella. Preguntan si en Europa se veían notícias de su Guerra Civil. También me comentan que bombardearon su pueblo. Por la pinta que hacen, no les pregunto en que bando lucharon.
Por la mañana siguiente, diarrea al canto. Me paso el día durmiendo hasta la noche cuando algo recuperado se repite el riutual del día anterior. Esta vez, me apunto al corro de los abuelos para dar cuenta de una muy buenas papas fritas, nada más. Depués vuelve la llamada del almuacín, los rezos y la charla. A parte de unas pregarías iniciales que todo el mundo hace igual, después cada uno va a su ritmo. Así, se puede ver a un viejo aún arrodillado mientras los más jovenes ya están de pie y mientras, algún otro, de reojo me observa.
El día siguiente, ya recuperado y vestido de ciclista visito la casa del amfitrión, realizamos el ritual de fotos con la família y nos deseamos suerte. Nos despedimos como se tiene que hacer, sin mencionar el dinero y hasta la próxima. Y es que esos talibanes serán como serán pero en hospitalidad y buena acogida ¡¡¡ nadie los gana !!!
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