Comentaba de broma el otro día Xavi que no sólo de yogur vive el ciclista. Y claro, tampoco ha sido así en la cordillera del Pamir.
Pero lo que nos ha tocado comer una vez dejado Khorog (capital administrativa del Gorno-Badashkhan, nombre con que se conoce en Tayikistán la región del Pamir Oriental), ha sido una y otra vez lo mismo: leche, leche, y más leche, o cualquiera de sus derivados.
Suerte que en Khorog decidimos hacer un alto en el camino y de paso limpieza a fondo. Liquidamos las existencias de pollo del único restaurante de la ciudad.
Cuando nos subimos a la bici otra vez aceptamos el primer ofrecimiento que a pie de carretera nos hace el alcalde/presidente del primer puebloque se pueda llamar como tal que cruzamos ( y esto de alcalde/presidento no lo digo porqué se parezca a Gil y Gil sinó porqué no quedó claro que era, pero sin duda un personaje importante a quien todas las visitas le despedían con un beso en la mano).
Allí, unas tazas de te y pan a la sombra de los últimos árboles del valle nos dan fuerzas suficientes para seguir hasta la hora de la merienda. Como que en Khorog nos habíamos provisionado de frutos secos y galletas, astutamente nos sentamos a merendar al lado de un señor que toma el fresco cerca de una fuente. Una invitación a cenar y dormir nos iría de bién ...... Le ofrecemos unos cuantos dátiles y automáticamente nos acompaña a su casa, donde unos cuantos mecánicos se ríen de nuestra vestimenta ciclista y de mi tayico. Esta gente pamírica es muy hospitalaria así que al poco rato : Bol de leche (con una nata que pinta los bigotes de Xavi) y más pan. Nos sentamos y charlamos un rato. Siguiendo con la tónica general del viaje, alucinan con nuestros mapas mientras nos preparan la cena. ¿Qué cenamos? Pues más pan, té pamírico, un té roto con un poco de leche que lo hace más apto para rebañar el pan. Suerte que la pobreza de la cena (¡¡¡ No es ningún reproche!!!, nos dieron de lo poco que tenían, pero después de 70 o 80km subiendo ....) nos ofrecen un festival de música pamírica. Al sonido de una guitarra del Pamir y del batir de las palmas contra los bancos de la casa a forma de cajón flamenco, un grupo de jóvenes nos cantan las bellezas del Pamir y de su gente, y nos invitan a bailar. Xavi se suelta la melena a la hora de bailar provocando las risas de la abuela amfitriona que se ríe a gusto detrás de su xal protector. Por la mañana siguiente, "más madera que es la guerra", o sea más pan y te pamírico.
Hoy toca subir de lo lindo. Hasta el primer puerto a más de 4000m de altura, más concretamente a 4271 metros. Subida larga pero sueve hasta que desaparece el asfalto. entonces unos pocos quilómetros de pista exigente nos suben hasta arriba la montaña. Allí espero a Xavi para las fotos de rigor y tomar algunas galletitas. De bajada, descanso en la primera casa que encontramos donde antes de poder decir nada me obsequian con un bol de yogur que colma mis espectativas. Liquidado el yogur en menos de lo que canta un gallo arranco con mi introducción en tayico de la aventura que estamos viviendo y en seguido llamo a Xavi que espera pacientemente a pie de carretera, nos ha tocado la primi: Pa caliente, yougur, kaimak mantequilla y leche fermentada. Me parece que la familia que nos acoge tiene todo lo que se puede sacar de la leche en esta región. Así que me apunto la dirección por si alguna vez quiero volver a hacer... ¡¡¡¡ un cursillo intensivo !!!! ja, ja, ja
Bueno, seguimos a dieta, porqué a la mañana siguiente empezamos con unas galletas que nos habían sobrado y con más yogur que la família del día anterior nos regalo antes de partir. Ya no paramos hasta Alichur, donde el profesor de la escula nos invita a su casa donde se nos afrece más pan, te, yogur y mantequilla. Pero con una novedad, esta vez, siguiendo sus consejos mezclamos el yogur con la mantequilla dulzona y las calorías de los hidratos del pan. Un par de cuencos de esta combinación matan el hambre y obligan a la siesta, que Xavi aprovecha a tope. Nos atienden de fábula con lo poco que tienen y toda su voluntad a nuestra disposición. ¡¡¡ Para que aprendamos !!!
Aun estamos a casi 4000m de altitud, así que os podíes imaginar como son estos pueblos: Unas cuantas casas a lado y lado de la poco transitada carretera aprovechando el poco verde de alrededor de los riachuelos que descienden de nieves perpetuas (ecasas todo y las altas montañas que rodean el pueblo). Dado a la aridez del terreno los cultivos y pastos son escasos. Cada familia tiene su vaca, su oveja y quizá su yack (sí, aquí empieza el territorio del Yak), compra la harina y ... a vivir, quiero decir sobrevivir, que no es poco en estas condiciones.
Unos kilómetros más adelante, rechazamos dormir en un iurta (aquel día Xavi tenía ganas de cansar aún más). Como que el terreno és abrupto y escasea el agua, nos toca apretar de valiente y hacer finalmente alrededor de 100 km. hasta que, olalá, un pequeño hotel a pie de carretera y regentado por un kirguís (a pesar de encontrarnos a más de 200 km. de la frontera kirguisa, y es que a partir de este momento, todo el mundo es kirguis en estos lugares) nos ofrece cena y alojamiento. El qé? Pan, té, iogur, ... y unas magnígicas "cartoshkas" que literalment deboramos. Magníficas??? Bien, fritas en la típica paella tipo wok chino, con un poquito de crne y después de una suculenta y nutritiva sopa, merecen el olé del público!!! El día siguiente toca transición hata Murghab, donde nos plantamos a media mañana con la intención de descansar y recargar pilar. Esto hacemos la primera noche, però la siguiente mañana, después del típico almuerzo kirguís (arroz...con leche!!!) más bien lo que tenemos que hacer es descargar demasiado. Tanto, que al final tanto viaje a la "tualet" nos obliga finalemnte a coger el día entero de descanso y recuperación de salud, esperando que las cagarrinas y los truenos que resuenan en nuestras tripas nos permitan continuar. Por suerte, dormir unas cuantas horas por la mañana hace su efecto esperado
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